lunes, 4 de marzo de 2024

Nos encontramos en esa época del año en la que la rutina, esa señal inequívoca de que el tiempo avanza de forma lenta e imparable, empieza a hacerse notar. Han pasado dos meses desde los famosos propósitos de año nuevo y, para muchos, digamos que llegan los despropósitos de año nuevo cuando la vida que decidieron dejar atrás resulta que los está esperando en el primer recodo del camino para decirles «te lo dije».

No voy a entrar en el debate de si es fútil o no planear un cambio de vida solo porque cambie la hoja del calendario, pero sí que voy a abordar el tema de los que deciden empezar a escribir en enero y se encuentran atascados en la encrucijada que los lleva a seguir con su labor o abandonarla por completo. Para todos ellos, va dedicado este artículo.

Quizá hayas descubierto tus capacidades narrativas o te hayas dejado deslumbrar por los espejismos de una vida «fácil y popular» y en hacerse rico como J. K. Rowling o Stephen King. Muchos de los que se inician en la senda de los escritores parecen creer que esto solo es sentarse y tener ideas felices, las cuales se venderán como rosquillas en cuanto el mundo se entere de su mera existencia. Por desgracia, cuando llega la inevitable bofetada de la realidad, el aficionado a la escritura descubre que su pequeño mundo se resquebraja por un millar de sitios y amenaza con derrumbarse de un momento a otro. Tarde o temprano, si no reconduce con seriedad sus intenciones, existen grandes posibilidades de que abandone lo que comenzó y se dedique a perseguir sus sueños de otra forma, con unos resultados más o menos predecibles. Ahí van unos consejos:

CONSEJOS PARA VALIENTES

1) Cuidado con las intenciones: dicen que el infierno esta alfombrado de buenas intenciones, lo que equivale a decir que con la intención sola no basta para lograr un objetivo. Si te basas en los impulsos para tomar decisiones más o menos vitales (y escribir es una de ellas por todo lo que implica en el día a día), lo más probable es que no consigas culminar ninguna de ellas. La intención debe ir seguida de un sano ejercicio de reflexión y de mucha voluntad si queremos que no se quede solo en eso, esto es, en intenciones.

2) Sé realista: conoce tus fortalezas y debilidades antes de embarcarte en un proyecto literario y, sobre todo, ten cuidado con anunciarlo a los cuatro vientos, pues algunos de los que te escuchen (o lean) te tomarán la palabra. No hay nada más vergonzante que admitir en público que no hemos podido con lo que hemos afirmado que podríamos hacer. Tu credibilidad quedará comprometida de cara al futuro y será más difícil que te apoyen la próxima vez. Piensa en las cosas a las que te comprometes antes de embarcarte, no sea que no puedas con todo y tengas que dejarlo.

3) Sé resoluto: si has decidido escribir y te has comprometido con ello, deberás tomar muchas decisiones importantes, algunas de las cuales marcarán tu vida de aquí en adelante. Lo primero que tendrás que tener en cuenta es de dónde vas a sacar el tiempo necesario para escribir, lo que implica que tendrás que renunciar a determinadas actividades si quieres que tu vida no se convierta en un circo de tres pistas. Tendrás que coger las riendas con firmeza para tomar decisiones organizativas, sociales, económicas y, en ocasiones, morales. Para todo eso no se puede ser tibio.

4) Sé constante: escribir es como ir al gimnasio. Hay que hacerlo continuamente y sin demasiados periodos de interrupción. Esto implica que tendrás que buscar un horario determinado para dedicarte a ello o, por lo menos, reservar algunas fechas en el calendario. De toda esa constancia depende que tu cerebro coja la costumbre de ponerse a trabajar de inmediato o que le cueste arrancar. Demasiados arranques y parones hacen que se pierda agilidad y que se abandone la tarea por desmoralización. Si decides escribir, escribe.

5) Organiza tus ideas: para ser creativo debes atrapar a tus musas. Sin embargo, estas son unas damas bastante esquivas, de modo que no esperes su colaboración así como así. Escribimos acerca de lo que vivimos y, de alguna manera, lo que escribimos no deja de ser parte de nosotros mismos. Esto implica que tendremos que descubrir de qué modo nuestro cerebro procesa la información y la devuelve de modo simbólico. Escribir un género porque es popular, o porque a alguien conocido le gusta, es uno de los primeros pasos hacia el precipicio del desengaño, pues tarde o temprano descubriremos que nos cuesta mucho seguir caminando en determinada dirección si a nuestro cerebro no le gusta esa línea de pensamiento. Escribe acerca de lo que sientas, exprésalo con autenticidad y descubrirás que te resulta muy fácil hacerlo.

Hasta aquí hemos llegado en el artículo de hoy. Espero que estas simples directrices te pongan en el buen camino si empiezan a flaquear las fuerzas. Recuerda que en la vida nada es gratis y que todo tiene un precio, no necesariamente económico. Sigue tus impulsos, pero refuérzalos con resolución y voluntad, de modo que la disciplina personal te sirva de soporte cuando todo lo demás se desvanezca.

 

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