Esta semana, pero hace seis años, disfruté de un momento mágico. Te lo puedo resumir diciendo que fue en mi primera presentación en Librería Santos Ochoa de Logroño. Yo acababa de empezar y ya había hecho una presentación de Hijos de la destrucción en la misma ciudad, por lo que no esperaba mucho tirón. Sin embargo, ocurrió todo lo contrario a lo que esperaba. La sala terminó llena y tuvieron que poner más sillas de las previstas, y todo para escuchar a un autor que todavía llevaba la "L" de prácticas en su parabrisas de escritor. El caso es que se vendieron muchos, muchísimos libros, y no solo ese día. El goteo siguió durante todo un mes, de manera que, sin pretenderlo, se colocó en el libro más vendido durante una semana. Sí, por encima de Ken Follet. No duró mucho (¡Dios me libre de compararme con uno de los grandes!), pero fue una experiencia muy gratificante por lo que implicaba. Por lo que implica a cualquier escritor.
domingo, 28 de enero de 2024
Cómo conseguí mi primer éxito
Esta semana, pero hace seis años, disfruté de un momento mágico. Te lo puedo resumir diciendo que fue en mi primera presentación en Librería Santos Ochoa de Logroño. Yo acababa de empezar y ya había hecho una presentación de Hijos de la destrucción en la misma ciudad, por lo que no esperaba mucho tirón. Sin embargo, ocurrió todo lo contrario a lo que esperaba. La sala terminó llena y tuvieron que poner más sillas de las previstas, y todo para escuchar a un autor que todavía llevaba la "L" de prácticas en su parabrisas de escritor. El caso es que se vendieron muchos, muchísimos libros, y no solo ese día. El goteo siguió durante todo un mes, de manera que, sin pretenderlo, se colocó en el libro más vendido durante una semana. Sí, por encima de Ken Follet. No duró mucho (¡Dios me libre de compararme con uno de los grandes!), pero fue una experiencia muy gratificante por lo que implicaba. Por lo que implica a cualquier escritor.
lunes, 22 de enero de 2024
Literatura popular
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Llevo el suficiente tiempo escribiendo y llamando a las puertas de las musas como para haber compartido camino y momentos con otros autores, buenos y malos, con diferentes formas de sentir y comprender lo que ocurre desde que una idea brota de sus mentes hasta que es plasmada por sus propios dedos de una forma coherente. Este camino me ha llevado a conectar con diferentes modos de sentir y gozar de la literatura, en la que, como en todas las artes, hay muchos estratos y matices. El problema viene cuando alguien, de ese océano de colores distintos y aguas diferentes, se erige en poseedor de una especie de vara de medir y establece líneas imaginarias para delimitar lo que es arte y lo que no.
La variedad, la diversidad de sentires, la propia naturaleza incluso, es contraria a ese presunto orden. Basta con echar un vistazo a un bosque para saber que no hay dos hojas iguales, ni dos piedras iguales. Ese crecimiento orgánico es lo que le da armonía al conjunto y crea esa sensación de naturalidad.
En literatura pasa lo mismo. Estoy más que cansado de ver, como editor, que hay una más que gruesa línea entre los que aspiran a ser James Joyce y los que se dedican a bajar al terreno de la realidad, tanto humana como social. Los primeros son, paradójicamente, los que terminan por no ver sus ambiciones colmadas y se retiran pronto al toparse con el muro de la cruda realidad, que no es otra que descubrir que este es un mundo muy duro y no todos van a estar en la cima, ya que esta es realmente pequeña y no todos los que hay en ella están precisamente vivos.
A algunos les saldrían verdaderos sarpullidos si tuvieran que estar vendiendo libros en mercadillos, a pie de calle, en contacto directo con un público menos selecto que el que van a encontrar en una asociación literaria o una biblioteca. Y sin embargo, es en esos niveles donde más se valoran las historias entretenidas, las aventuras, las tramas y que un libro nos haga pasar un buen rato. Igual es esa la esencia de los contadores ambulantes de historias, de las ya desaparecidas coplillas de ciego y de los bardos y los buhoneros, una más que noble tradición narrativa que fue popular antes de que los grandes salones se apropiaran de estas historias para disfrutarlas al margen de la gran masa.
Es esa literatura popular, imperfecta y sorprendente a la vez, la esencia íntima de los cuentacuentos que hacen soñar hoy a nuestros niños, pero también a los adultos, y es la heredera de toda una tradición milenaria que muy bien podría remontarse a la edad de las cavernas. Esa, y no otra, es la energía que mueve mi propio motor a la hora de escribir, quizá porque paso demasiado tiempo entre niños y adolescentes como para saber que disfrutan muchísimo más con una buena historia que con un sesudo escrito lleno de figuras literarias y contenidos profundos.
Hoy, en esta mañana soleada, me viene a la memoria que un buen amigo, también escritor (y con Planeta, nada menos), me definió cariñosamente como un buhonero en cierta ocasión. Hoy, que he tenido que reconducir una historia que se me estaba atragantando de lo seria y seca que era y volver con ella al banco de trabajo, he recordado esas escena y he sonreído en silencio. Soy un buhonero, en más de un sentido, y escribir lo que escribo y hacer lo que hago es una de las mejores cosas que han podido pasarme en la vida. Solo por eso, merece la pena seguir adelante y pergreñar nuevas aventuras para llevar, como decía Sir Arthur Conan Doyle, «una hora de entretenimiento al muchacho que a medias es un hombre, o al hombre que es un muchacho a medias».
Disfrutad con vuestra escritura y ofrecédsela a vuestro público. Ellos serán felices y vosotros, también.
#franciscotapiafuentes #escritura
Imagen de Gabriel LE NAOUR en Pixabay
lunes, 15 de enero de 2024
Consejos de escritura: escribe, pero en soledad
Escribir es como un río que fluye, unas veces más lento, otras más rápido, pero que nunca se detiene. Para escribir tan solo hace falta tres cosas: dominio del lenguaje, una mente imaginativa y mucha paciencia. La mayoría de la gente cree que escribir es sencillo, cuando en realidad no lo es. No se trata de juntar palabras y ya está, sino que tienen que llegar al lector y remover lo que sea que tengan que remover por «ahí dentro», y eso suele ser complicado.
Pero, además de todo ello, la paciencia es fundamental. No vas a obtener los resultados que buscas en un día, ni siquiera en un año. Hay algunos afortunados que pueden llegar a escribir mucho en poco tiempo, pero no son la mayoría. Esto es así porque escribir es un arte, y como todas las artes, se aprende día a día y nunca, nunca se deja de aprender a escribir.
Me encuentro revisando el primer manuscrito de mi próxima obra y la palabra todavía se me pega a los labios y a los dedos sobre el teclado. No soy un autor conocido, ni mucho menos, pero cada historia que hago en sí es una obra de arte, aunque todavía me cueste verlo. Quizá sea mejor así, que el mundo está lleno de personas que intentaron muchas cosas y se creyeron que eran algo, cuando en realidad eran como los demás. Por eso, todavía tengo que dar las gracias cuando se me atraganta la palabra obra, para no creérmelo demasiado. Y en esa tarea están las personas más importantes, los que te rodean, los que de verdad importan y a los que de verdad les importa.
Practicar, revisar y aprender. Todavía queda tanto por aprender, tanto por revisar, que semejante tarea sería imposible si no tuviera a mi lado a esas personas tan queridas, que no se limitan a sonreír por compromiso y, sobre todo, que saben ver las cosas desde fuera y poner, al mismo tiempo que dan apoyo, una dosis de realidad y de humildad en esta tarea. Una tarea que, como dijo Stephen King, es solitaria como pocas.
martes, 2 de enero de 2024
Cosas que he aprendido escribiendo ciencia ficción y fantasía
Es curioso pero, cuando decimos que nos dedicamos a la escritura de ciencia ficción y fantasía, parece que se crea alrededor de uno algún tipo de aura extraña que lo convierte en una persona con «demasiados pájaros en la cabeza» Y es que los seres humanos somos lo que hacemos, y cuanto más hacemos, más nos convertimos en eso que hacemos.
Escribir, ya sea un relato, una novela o un guion para uno de nuestros de juegos de rol es un arte que, poco a poco, va convirtiendo al que lo practica. Con el tiempo y con la práctica suficiente, arte y artista terminan siendo una sola cosa, algo que se mueve y respira de una manera peculiar y, por suerte para nosotros, única. En cierto modo, una vez que quedas atrapado por los cantos de sirena ya no tienes escapatoria. El género es como un par zapatillas que uno se calza para estar más cómodo y sentirse como en casa aunque esté lejos de ella. Podrás hacer variaciones en detalles mínimos, pero es muy complicado abandonar el género que te ha enamorado y del que podrás aprender un buen montón de cosas.
Cosas que he aprendido escribiendo ciencia ficción y fantasía:
1) Elige tu camino cuidadosamente: si vas rebotando de género en género, o eres muy bueno en lo que haces o nunca llegarás a dominar ninguno a la perfección. Busca algo que te salga de la manera más natural posible y lánzate a ello, a sabiendas de que el éxito no está garantizado y de que, cuanto más extraño sea, menos posibilidades de gustar a un gran publico tendrás.
2) Lee mucho, especialmente del género sobre el que quieres crear historias. Esto es un pilar básico. Se supone que un narrador, escritor o director de juego es una persona culta. He visto en jornadas de rol a directores con menos cultura que los jugadores y lo mismo ocurre con algunos que presumen de escribir mucho y de no leer nada. Evita a ese tipo de personas como a la peste, pues no te van a enseñar nada.
3) Haz que tu mundo sea original: nos atrae los extraño, así que deberías pensar en qué hará que tus historias, tramas y personajes sean peculiares. Si lo único que haces es copiar a otros, no tendrás un sabor original.
4) Haz que tu mundo sea coherente: desarrollar un mundo o un universo de juego, tanto para tus relatos como para tus campañas de ro no es algo que deba tomarse a la ligera. Debes pensar en todos los detalles para que ese universo funcione. En pocas palabras, tu mundo de fantasía tiene que parecer real. Busca ayuda si es necesario. En ese sentido, voy a barrer para casa y te recomiendo Mundos Fantásticos, escrito por un servidor, pero no es la única fuente. Hay muchas fuentes. Busca e investiga por ahí.
5) No temas volver al banco de trabajo: ahí estás tú, con tu nuevo y flamante mundo ficticio esperando captar la atención del lector o de un ávido grupo de jugadores y las cosas no resultan como esperabas. Alguien encuentra un fallo en tu mundo y no teme decírtelo a la cara, como. En ese caso, lo mejor es haber dejado unas cuantas puertas abiertas y, sobre todo, tener la flexibilidad necesaria como para rectificar y volver a plantear las cosas. Autores de renombre como Larry Niven (autor de la deliciosa Saga de Mundo Anillo) tuvieron que escribir varios libros explicándoles a sus fans cómo funcionaban sus mundos. NOTA: Larry Niven estuvo en el festival Celsius de 2021 y se llevó un ejemplar dedicado de Mundos Fantásticos. ¡El mundo es un pañuelo!
6) Prepárate para la indiferencia: por desgracia, el escritor de ciencia ficción no es considerado como un escritor serio en el mundo literario. Ciertamente eso está cambiando, pero es algo muy lento. Lo habitual es que, cuando alguien se entere de que escribes, te pregunte: «¿Así que escribes? ¿Y sobre qué?». Minutos después, cuando esa misma persona se entera de lo que haces, lo habitual es que te devuelva una educada sonrisa del tipo de las que se dedica a los niños que juegan en el parque, a veces acompañada de un «¡Vaya! Espero que tengas suerte.», o algo parecido. Ten en cuenta que, al menos en España, todavía somos autores de géneros recientes y que en los ambientes literarios están considerados como poco o nada serios. En ese sentido, todavía estamos a mucha distancia de países con otras mentalidades, como los de origen anglosajón.
7) Relaciónate con otros que piensen como tú: lo semejante atrae a lo semejante. Busca en tu ciudad o fuera de ella (internet es un puente maravilloso para ello) asociaciones de personas que se dediquen a tus mismos intereses y charla o chatea con ellas. Probablemente, y salvo que seas de esos que se llevan mal con la gente, obtendrás una respuesta positiva y crecerás como persona mientras compartes con otros tus propios puntos de vista. Muchas de dichas asociaciones son de tipo profesional y para entrar en ellas se requiere de algunos requisitos mientras que, para otras, no. Evidentemente, los apoyos que puedas obtener de unas y otras serán diferentes, pero no está mal tener presencia en varias si crees que lo tuyo va en serio.
8) Acude a todos los eventos que puedas: este punto va unido con el anterior. Por suerte, cada vez es más fácil que haya actividades de ese tipo a nivel nacional, aunque todavía son menos de las esperadas. En España, las principales convenciones de este estilo son las jornadas Celsius 232 de Avilés (Asturias) o la itinerante Hispacon. Siempre merece la pena acudir a ese tipo de eventos para conocer (aunque sea de lejos) a escritores de talla mundial, hacer valiosos contactos o empaparse un poco del ambiente y de la sensación de no ser un bicho raro, así que es algo que recomiendo desde mi punto de vista.
Y eso es todo. Espero que estos consejos, rescatados de mi antiguo blog personal, te sean de ayuda.
Imagen: «Depiction of a futuristic city», autor desconocido.
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