lunes, 18 de septiembre de 2023

Aprendices y maestros

Créditos: Javier Rodríguez; imagen de Pixabay
Créditos: Javier Rodríguez

La escritura, como todas las artes, es un camino de crecimiento personal y eso no se alcanza de la noche a la mañana. Hay que aprender a madurar y afrontar el hecho de que no somos nadie importante para nadie. Si no nos centramos en el camino de perfeccionamiento, estaremos abocados al más absoluto de los fracasos en lo personal y en lo profesional. Sí, en lo profesional, porque nadie va a conocernos si no somos dignos de ese reconocimiento, y eso solo se consigue mediante el trabajo duro, la disciplina personal y la humildad en reconocer que no somos el centro del universo y que muy probablemente terminemos nuestra existencia sin serlo.

A menudo, como editor, veo autores ansiosos, que caen en los cantos de sirena de ciertas plataformas, en las que se anima al aspirante (aspirante, por no llamarlo aprendiz) a considerarse un maestro «porque tú eres el artista». Por supuesto, cuando esos presuntos artistas terminan ante una editorial tradicional, el malvado editor les dirá que su obra es incompleta, que le falta profundidad o que tienen que cambiar cosas para que funcione. La respuesta, indefectiblemente, termina siendo la que dicta el orgullo personal y se marchan a otra «que los trate mejor», en una macabra conga que lleva siempre al mismo rincón, el de la adulación a cambio de dinero y el de un nuevo fracaso anunciado.

Con el tiempo, la realidad terminará imponiéndose en su más cruda versión y el pobre autor descubrirá que en el fondo no le importa a nadie, salvo a sus amigos y conocidos, y que aun las ventas por compromiso terminan desapareciendo porque los compradores «ya han cumplido». Es en esos momentos en los que el aprendiz de escritor, cual chiquillo mal educado, monta en cólera y le echa la culpa a la editorial de no haber llevado su libro lo suficientemente lejos y busca otra, y otra y otra, cuando el verdadero problema está en él mismo, en su falta de perspectiva, cuando no de talento y de técnica.

¿Pero cómo va a ser si soy escritor de brújula, o de mapa, y he seguido todos los consejos de internet, donde seguramente está la verdad suprema? Pues en el pecado está la penitencia, mi querido/a hamijo/a. Escribir es un arte y, como todas las artes, no se aprende en un día ni todos están llamados al éxito. Deberías pensar en una carrera de una década, como mínimo y si haces las cosas medianamente bien, para que sea reconocida tu obra. Piensa en el éxito que podría, o no, llegar más allá de tu muerte y del que nunca serás consciente. Eso es en lo que piensan los artistas, ni más ni menos, en la obra que tienen delante y en la remotísima posibilidad de que le importe a alguien que no son ellos mismos. Y si son artistas de verdad, ni les importa ni les preocupa.

No voy a entrar en más detalle ni te voy a hacer sufrir más, querido aprendiz, salvo para recordarte que quizá seas hijo de estos tiempos de inmediatez, de «lo quiero ahora» y de que «me lo merezco». Quizá un poco de visión histórica, de esa que no se enseña en la escuela por si acaso sales librepensador, te haga recapacitar. Lee a los clásicos, querido/a hamijo/a, lee a Cicerón, Séneca, Plutarco, Aristóteles y Platon, e igual descubres algo más de la vida que los selfies, los interminables juegos online o el postureo tiktokero, que tanto llenan las cabezas vacías de ínfulas y de fantasías de escritores en lujosas mansiones sin pagar nada a Hacienda (bueno, de eso ya hablaremos en otra ocasión, que también tienes que declarar tus ingresos, ¿sabes?).

Piensa en Harper Lee y en su Matar a un ruiseñor, así como en la pobreza en la que vivieron Lovecraft y Poe. Igual eso te aclara las ideas acerca de dónde te estás metiendo, aprendiz de escritor/a.
Antes de que te ofendas y me critiques en las redes por ponerte la verdad delante de los ojos, mi consejo no pedido es el siguiente:

Crea, vive y sueña, aspirante y aprendiz de escritor, aun a sabiendas de que no eres una estrella consagrada y el éxito no es, ni de lejos, el final del camino, sino que el camino en sí mismo. Un camino en el que tendrás que pelear mucho todavía para llegar a algún lado. Se necesita suerte, sí, pero sin disciplina y voluntad será muy complicado llegar a alguna parte.
Suerte en tus escritos.

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