martes, 30 de julio de 2024

Reseña de Tren de Largo Recorrido en Sección 101


 

Para un autor siempre es un placer y un lujo que otros disfruten y hablen de su libro, mejor bien que mal, por supuesto, ya que eso indica que ha cumplido el que debería ser uno de los objetivos que se planteó el día que decidió escribirlo, que en el caso de la ficción no es otro que el de entretener. 

Han pasado tres años desde que las primeras frases de Tren de largo recorrido salieran desde este mismo teclado desde el que escribo esta pequeña introducción y se han hecho largos, todo hay que decirlo. Bueno, el truco es que siempre se hace larga la espera, por otra parte necesaria, hasta que todo está cocinado y a punto de servirse. En cualquier caso, aquí comparto la reseña que han hecho desde el canal Sección 101 Librojuegos de Tren de largo recorrido. Disfrútala.


miércoles, 10 de julio de 2024

El ferrocarril en el mundo de Quincy West

 Portada de mi último libro

Durante el siglo XIX, el Oeste Americano fue cambiando a medida que se introducían mejoras tecnológicas y seguían llegando colonos desde el Viejo Mundo a las ciudades de la costa este de Norteamérica, desde donde se adentraban, con mejor o peor tino, los recién descubiertos territorios de la zona oeste.

Para mantener una mínima cobertura de civilización en unas tierras en las que los colonos estaban prácticamente solos, tanto frente a las hambrunas como a los nativos americanos, que los veían y sentían como invasores, eran necesarios unos medios que garantizaran las comunicaciones a larga y media distancia, aunque no fueran inmediatas. Así, surgieron compañías y servicios que trataron de mantener unidas las piezas de un país a medio construir, tales como el Pony Exprés, los carruajes de pasajeros (las famosas «diligencias»), el telégrafo y el ferrocarril, entre otros. 

El tren, el «caballo de hierro» de las películas, se convirtió en el eje vertebral de un país inmenso y su importancia fue tal que marcó el ritmo de la Guerra Civil Americana, de modo que estaciones y puentes acabaron convertidos en puntos cuyo control por parte de un bando u otro determinaría la posibilidad, o no, de obtener reemplazos o suministros muy necesarios para la contienda. La Unión, con la mayoría de los centros industriales en su poder, demostraría que el control de las nuevas tecnologías (entre ellas, el ferrocarril) sería decisiva a la hora de decantar la victoria a favor de un bando u otro en las guerras que habrían de venir a lo largo del siguiente siglo, donde las vías férreas fueron las auténticas arterias de los conflictos.

El ferrocarril no solo transportaba personas mercancías, sino que además se convirtió en el modo en el que las cartas podían llegar a todos los puntos de extensos territorios si uno tenía la paciencia necesaria. Así, los trenes correo llevaban todo tipo de cosas, desde cartas personales a contratos comerciales, pasando por pagarés o incluso dinero, ya fuera en lingotes, monedas o billetes. Esto hizo que empezaran a ser objeto de atracos y espectaculares asaltos, ya fuera por el procedimiento de sabotear las vías o por la persecución e intercepción a caballo. Ante tales amenazas, los pasajeros normalmente participaban en la defensa del vehículo, aunque más tarde contarían con personal especializado, como los famosos agentes de la Compañía Pinkerton, el más popular de los cuerpos de seguridad de los trenes, especialmente gracias a las novelas y películas del oeste.


TREN DE LARGO RECORRIDO

Quincy West, mi querido y cascarrabias cowboy perseguido por el mundo de los espíritus, tiene una relación muy directa con el ferrocarril, al menos, en una parte de su azarosa y aventurera existencia. Ya lo vimos en Oro de Sangre, donde toda la siniestra trama gira en torno a un tren desaparecido bajo la influencia de terribles espíritus corruptos de origen indio que solo buscan venganza por toda la sangre derramada por el hombre blanco. Sin embargo, esta relación de Quincy con el tren no había hecho más que empezar, ya que estará presente en otras tres obras, todas librojuegos, englobadas en lo que he dado en llamar la Trilogía del Ferrocarril, en honor a la famosa Trilogía del Dólar (O del poncho) del director Sergio Leone y formada por Por un puñado de dólares (1964), La muerte tenía un precio (1965) y El bueno, el feo y el malo (1966), que además catapultarían al actor y director Clint Eastwood al pódium de las figuras más icónicas de la cultura popular.

Volviendo a lo que nos ocupa, esta segunda entrega de Quincy West se titula Tren de largo recorrido y nos sitúa de nuevo en la cabeza de nuestro héroe pulp, a pesar de que él no quiera, y nos llevará hasta una aventura de horror que ocurre, íntegramente, a bordo de un tren nocturno. A lo largo de sus doscientas secciones, nos arrastraremos por los vagones de un tren que corre veloz por desolados parajes mientras en su interior se gesta una sombría tragedia, en la que las invocaciones demoniacas estarán a la orden del día. A medias un homenaje a clásicos como Pánico en el Transiberiano, El enigma de otro mundo o La Cosa, espero haber sabido transmitir la claustrofobia de saberse atrapado entre las retumbantes paredes de acero y madera por una entidad venida desde más allá de los límites de nuestro mundo, siempre sin olvidar el lenguaje soez y desabrido de nuestro propio alter ego.

Tren de largo recorrido ha sido publicado por Suseya Ediciones como parte de una campaña de Verkami por los diez años de vida de la editorial y, tras llegar ya a los mecenas, empieza tímidamente su periplo por librerías tiendas del ramo. Como ya sabrás por mis redes sociales, no pude estar en su estreno en la Feria del Libro de Valladolid por hallarme hospitalizado y el lanzamiento se ha visto retrasado desde entonces, pero te animo a que le eches un vistazo y disfrutes de esta historia interactiva de puro terror ambientada en el Oeste o, como también se le llama al subgénero, DarkWest.

sábado, 6 de julio de 2024

Cinco maneras de escribir en cualquier parte

 Escritura en un 11 pulgadas, ideal para una terraza

Escritura en un 11 pulgadas, ideal para una terraza

En este inicio de julio, en el que media España está de vacaciones y la otra media lo está deseando, no he podido resistirme a rescatar un artículo de técnicas para escritores y volverlo a poner en funcionamiento en este nuevo blog, con el objetivo de que sea de utilidad. Hoy voy a hablaros de lo que ocurre cuando uno es un escritor compulsivo y quiere aprovechar su talento, y sobre todo, su tiempo, al máximo.


CINCO MANERAS DE ESCRIBIR EN CUALQUIER PARTE

  • 1) La libreta: parece una tontería, pero llevar una libreta a todas partes puede ser la solución a muchos de esos problemas que tenemos los escritores cuando somos asaltados por una idea en el momento menos oportuno. Si estamos manejando maquinaria pesada, eso puede ser un problema, pero en la mayoría de los casos no tiene más consecuencias que el andar un poco despistado. No tiene por qué ser un cuaderno de tapas repujadas, como si fuera el diario personal de Dumbledore, o el grimorio de Saruman. No. Basta con que sea una libretita pequeña y molona, de esas que caben en el bolsillo de una camisa. No me mires así, que seguro que tu móvil ocupa mucho más que eso... 
  • 2) El móvil: si la idea de escribir en una libretita no te llama demasiado, entonces ¡utiliza el móvil! Yo odio escribir en el minúsculo teclado de un teléfono inteligente, especialmente cuando el corrector se pone tonto, pero siempre hay otras opciones como Evernote y su sistema de escritura por voz (bueno, este falla mucho, especialmente si eres de los que farfullan). Por desgracia, el móvil está para lo que está, aunque todavía le puedes sacar una utilidad si dejas constancia de las ideas principales para ir desarrollándolas más tarde con paciencia. Puede que no escribas Los jardines de la luna, pero seguro que puedes tomar cuatro notas miserables y convertirlas en magia cuando tengas algo más de tiempo y espacio para hacerlo. 
  • 3) La tablet: el hermanito mayor del teléfono inteligente también es algo muy útil. Una vez más, no se trata de un medio para escribir largas parrafadas, excepto si le pones un tecladito de esos tan monos, pero siempre es mejor que escribir en una pantalla de 4 pulgadas. Lo bueno de las tabletas es que caben en casi cualquier sitio y que cada vez son más ligeras, aparte de que prácticamente se pueden encontrar gangas en las tiendas de segunda mano, donde por cuatro duros (sí, soy de los setenta y pienso en duros y en pesetas) puedes tener un aparatito que te sirva para escribir tus cosas y volcarlas luego en un ordenador o en un disco duro. 
  • 4) El portátil: esta es la opción que utilizo yo, junto con una libretita, para escribir largas parrafadas o artículos como este. Vaya donde vaya, me acompaña mi simbionte con forma de mochila para portátiles. Es un modelo ligero, hecho en Francia y con refuerzos de nailon balístico (no sé por qué, pero eso parece que lo hace más molón o algo así), lo que garantiza que pueda proteger a mi pequeñín (un modelo baratito, de esos para escribir emails y poco más) en cualquier lugar donde vaya. Y «cualquier lugar» implica eso, cualquier sitio donde pueda plantar el trasto y dedicarme a escribir lo que me dé la gana, que para eso lo tengo. La ventaja del ordenador es que puedes llevarte toda tu oficina contigo, lo que implica disponer de todos tus borradores para echarles un ojo y de todas tus herramientas para hacer con ellas lo que te venga en gana. 
  • 5) Medidas improvisadas: si no tienes ninguna de las anteriores, siempre puedes utilizar aquello que tengas a mano. Puede que sean las servilletas de un bar (cuenta la leyenda que Mark Evanier esbozaba sus guiones para Groo en servilletas mientras discutía los detalles con Sergio Aragonés), los manteles de papel del chiringuito, pañuelitos o el dorso de un folleto informativo, pero el caso es tener algo donde escribir cuatro cosas antes de que se las lleve el viento. Por cierto, el récord de la improvisación lo he visto en alguien que escribía en las hojitas de propaganda que le dejaban en el limpiaparabrisas del coche, especialmente porque suelen ser hojas tamaño cuartilla (o media cuartilla) impresas por una sola cara y porque puedes hacerte con unas cuantas con solo recorrer la acera de la calle. 


¿Qué método es mejor? 

Bueno, la respuesta es que el método depende mucho del lugar donde vayas a escribir. Stephen King empezó escribiendo en una mesita plegable al lado de la lavadora, así que todo es posible en este oficio. Si eres de los que escriben en la playa, te recomiendo que utilices una libreta porque la arena y el sol no suelen sentarles nada bien a los cachivaches electrónicos. En cambio, si dispones de un lugar más estable o más limpio, siempre puedes utilizar cualquiera de los métodos «de alta tecnología» que hemos visto antes, siempre y cuando no te resulte un engorro cargar con ellos. En cualquier caso, tan solo queda recordar que el medio solo es eso, un medio, y que la originalidad y frescura de nuestras historias sale de fuentes más ocultas, que en el fondo son independientes de qué utilicemos para escribir, ya sea papel, pergamino o tablillas de arcilla secada al sol. 

Sed creativos. Aprovechad el veranito. 

Nos leemos.


Imagen: Pc y terraza, by Francisco Tapia-Fuentes 

Crecimiento personal en época de cambio

Cada etapa de la vida conlleva un cambio , un escalón que debemos superar para evolucionar y crecer , y ese momento no lo decide uno ni l...