¿Es esto malo del todo?
Pues, a priori, podrían parecer malas noticias, ya que eso no suele garantizar unos ingresos aceptables, a menos que uno sea un Rothfuss o King.
Sin embargo, veamos las cosas desde el punto de la biología. Un ecosistema es un lugar con unas características determinadas (biotopo) y unos seres vivos que viven allí (biocenosis), además de las diferentes relaciones que hay entre todos ellos. A cada circunstancia específica de cada ser vivo, como el lugar donde habita o la dieta que sigue, le denominamos nicho ecológico y siempre habrá un ser vivo encargado de vivir en él, por muy extraño o peligroso que sea. Así, las hojas del eucalipto contienen sustancias que las hacen poco apetecibles para los herbívoros, excepto para el koala, el cual no se alimenta prácticamente de otra cosa. Este es un ejemplo de un nicho dentro de otro, de una especialización dentro de otra, y la verdad es que a ambos no les va nada mal.
Algo parecido ocurre con los escritores de nichos dentro de nichos. Puede que no le gusten a demasiada gente, pero tienen su público y a ese público le encantan las cosas que estos escriben cuando están bien hechas. Así pues, lo mejor que puede hacer un escritor con estas características es esmerarse en lograr la perfección en todos sus escritos, aun a sabiendas de que no van a ser del gusto general o, mejor dicho, gracias a que no van a ser del gusto general. Esa es su gran baza si la saben aprovechar.
Y este, y no otro, es el principal reto al que nos enfrentamos los autores de nicho, esto es, a ser excelentes en nuestro campo todos los días y dar lo mejor de nosotros a aquellos que nos eligieron. Todo lo que no sea una búsqueda de la excelencia será, independientemente de otros esfuerzos, secundario.
Créditos:
Imagen: Koala bear, by wendy domeni (http://es.freeimages.com/)

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