
La paciencia y la disciplina, junto con el interés y la concentración, son algunos principios que todo buen artista, sea cual sea su arte, debe desarrollar todas sus capacidades al máximo. En mi caso, y más en los últimos meses, he tenido que aplicarme el cuento a rajatabla, tal y como te cuento un poco más adelante.
En junio tuve un desagradable accidente que volvió mi vida del revés. Y es que escribir con una lesión cerebral, aunque sea leve, no es nada sencillo. En estos meses he experimentado algo parecido a lo que sufren otros autores que parten con menos ventaja en esto de expresarse con la facilidad que se supone que tiene la mayoría, al menos, de los que se dedican a escribir. Juntar palabras no basta, en especial cuando se trata de expresar ideas de cierta complejidad, pues además de todo ello es necesario que la creatividad acompañe en el proceso y que ambas realidades se complementen. Y seguir esta tortuosa senda no ha resultado, y todavía sigue sin serlo, una tarea sencilla.
Durante todo este tiempo de retiro forzoso me he centrado en la coordinación motora, en hacer que la parte mecánica de la escritura, esa que hace que el teclado responda donde tiene que responder y a la velocidad que tiene que tener, vaya pareciéndose a lo que ya tenía, y tengo la sensación de ir ganando la partida hasta la fecha. Bien por mí. Escritor 1: Problemas 0.
Sin embargo, ahora empieza la parte más complicada, que es la de hacer que el cerebro, esa máquina maravillosa por su adaptabilidad (lo que se llama plasticidad en términos médicos), cumpla con su parte de llamar a las musas para que traigan mundos, ideas y personajes desde el subconsciente y que además lo hagan con las palabras y el tono adecuado, sin hacer que la dama Gramática se enfade demasiado. Y eso es lo más peliagudo de todo. He tenido que ver cómo mis textos se volvían más sencillos, o menos floreados, y lo que es peor, ser testigo del coste energético de todo ello. La consecuencia es muchísimo tiempo invertido para dejar los textos más o menos bien arreglados, como niños rebeldes vestidos de domingo. Pero no hay otro modo que hacerlo a la vieja usanza, con paciencia y estilo, si uno no quiere delegar las cosas en esos maravillosos robotitos que hablan, escriben y lo hacen todo en un santiamén. ¡Vade retro! Eso nunca, sobre todo porque no sería yo quien estaría escribiendo, que es de lo que se trata, y como diría el bueno de Gandalf:
«¡No he vencido al fuego y a la muerte para intercambiar falacias con un gusano sarnoso como tú!».
Hasta ahí podía llegar la broma…
Todas estas cosas han afectado también, y mucho, a los proyectos literarios que estaban en vías de publicación en este 2024 y que, a pesar de estar terminados casi desde principios de año, ahora se encuentran sumidos en un letargo digno del propio Cthulhu. Habrá que esperar con esperanza y alegría a que sean tiempos mejores, probablemente en diciembre o, siendo realistas, enero. Todo a su tiempo y cuando deba suceder. Ya dejó bien escrito el inmortal maestro de Providence, el insigne H. P. Lovecraft, que
«No está muerto lo que puede yacer eternamente;
y con el paso de los extraños eones,
incluso la Muerte puede morir».
Así pues, solo hay que esperar, como Cthulhu…
Submarinos saludos. Hasta la próxima.
¡¡ANTES DE QUE TE VAYAS!!
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Ahora sí, hasta la próxima.
Fuente: Wizard, imagen de Andrew Martin en Pixabay

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