domingo, 28 de enero de 2024

Cómo conseguí mi primer éxito


Esta semana, pero hace seis años, disfruté de un momento mágico. Te lo puedo resumir diciendo que fue en mi primera presentación en Librería Santos Ochoa de Logroño. Yo acababa de empezar y ya había hecho una presentación de Hijos de la destrucción en la misma ciudad, por lo que no esperaba mucho tirón. Sin embargo, ocurrió todo lo contrario a lo que esperaba. La sala terminó llena y tuvieron que poner más sillas de las previstas, y todo para escuchar a un autor que todavía llevaba la "L" de prácticas en su parabrisas de escritor. El caso es que se vendieron muchos, muchísimos libros, y no solo ese día. El goteo siguió durante todo un mes, de manera que, sin pretenderlo, se colocó en el libro más vendido durante una semana. Sí, por encima de Ken Follet. No duró mucho (¡Dios me libre de compararme con uno de los grandes!), pero fue una experiencia muy gratificante por lo que implicaba. Por lo que implica a cualquier escritor.

SOLDADOS, SANTOS Y DEMONIOS

Hijos de la destrucción fue el primer éxito importante en mi incipiente carrera de escritor fuera del ámbito privado y de amistades más o menos cercanas. Y lo hice con una novela que era mi primera incursión en algo más largo que un cuento y que no fuera un librojuego. Bueno, en realidad, eran una colección de cuentos, cimentados y relacionados entre sí para darles cierto aire de coherencia. La diferencia de estilo entre unos y otros se debía a que fueron redactados en diferentes épocas a lo largo de casi una década. En cualquier caso, algunos personajes fueron reciclados y cambiados de nombre para ajustarlos a la situación, cosa que ocurre más de lo que pensamos en el mundo del cine, por poner un ejemplo.
El libro contaba —cuenta— la historia de una guerra y dejaba al juicio del lector (o lectora) las conclusiones acerca tanto de su origen como de su futuro desenlace, pues tenía la estructura de un puzzle y seguía la filosofía de la película de Pulp Fiction, otra de mis grandes influencias narrativas junto al bueno de Guy Richie. Este estilo, dinámico y muy cinematográfico, era el adecuado para narrar una historia y jugar, a la vez con la mente del lector. En un principio, esa inmediatez fue objeto de algunas críticas en blogs y redes, pero creo que era más por lo novedoso del sistema, y por la ausencia de un prefacio en el que explicara dichas intenciones, que por otra cosa, pues los comentarios e impresiones acerca de la historia (o historias) eran en general positivos. La incorporación de dicho prólogo, así como la modificación de algunos detalles menores, motivó más tarde la realización de una segunda edición, esta vez con solapas.
Hijos de la destrucción es una obra a la que le tengo especial cariño porque para mí supuso comprobar que podía llegar hasta un público y me sirvió para orientar mi carrera literaria en una dirección concreta, en la que los aficionados a los juegos de rol también encontrarían un texto interesante en forma de literatura popular. En ese sentido, fue el origen de muchas cosas más que interesantes y una senda para seguir adelante.

UN MUNDO DE FANTASÍA

El mundo de Rhentra, que significa algo así como «el refugio» por sus orígenes, viene explicado siempre a través de un glosario al final de mis novelas y tiene todavía muchas más maravillas escritas de las que aparecen y es un universo. Te animo, si has llegado hasta aquí, a que te sumerjas en la aventura del mundo de Rhentra desde la perspectiva de sus personajes, gentes que se ven lanzadas a los brazos del conflicto in media res, como paracaidistas en Normandía. Quizá esa es la esencia de esta historia, que mezcla realidad y ficción y nos lleva a explorar las mentiras sobre las que se apoyan los pretextos para las guerras, esas realidades tan complicadas que ahora mismo están llegando a las puertas de nuestras casas para recordarnos que nunca desaparecieron del todo.

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