
Durante el siglo XIX, el Oeste Americano fue cambiando a medida que se introducían mejoras tecnológicas y seguían llegando colonos desde el Viejo Mundo a las ciudades de la costa este de Norteamérica, desde donde se adentraban, con mejor o peor tino, los recién descubiertos territorios de la zona oeste.
Para mantener una mínima cobertura de civilización en unas tierras en las que los colonos estaban prácticamente solos, tanto frente a las hambrunas como a los nativos americanos, que los veían y sentían como invasores, eran necesarios unos medios que garantizaran las comunicaciones a larga y media distancia, aunque no fueran inmediatas. Así, surgieron compañías y servicios que trataron de mantener unidas las piezas de un país a medio construir, tales como el Pony Exprés, los carruajes de pasajeros (las famosas «diligencias»), el telégrafo y el ferrocarril, entre otros.
El tren, el «caballo de hierro» de las películas, se convirtió en el eje vertebral de un país inmenso y su importancia fue tal que marcó el ritmo de la Guerra Civil Americana, de modo que estaciones y puentes acabaron convertidos en puntos cuyo control por parte de un bando u otro determinaría la posibilidad, o no, de obtener reemplazos o suministros muy necesarios para la contienda. La Unión, con la mayoría de los centros industriales en su poder, demostraría que el control de las nuevas tecnologías (entre ellas, el ferrocarril) sería decisiva a la hora de decantar la victoria a favor de un bando u otro en las guerras que habrían de venir a lo largo del siguiente siglo, donde las vías férreas fueron las auténticas arterias de los conflictos.
El ferrocarril no solo transportaba personas o mercancías, sino que además se convirtió en el modo en el que las cartas podían llegar a todos los puntos de extensos territorios si uno tenía la paciencia necesaria. Así, los trenes correo llevaban todo tipo de cosas, desde cartas personales a contratos comerciales, pasando por pagarés o incluso dinero, ya fuera en lingotes, monedas o billetes. Esto hizo que empezaran a ser objeto de atracos y espectaculares asaltos, ya fuera por el procedimiento de sabotear las vías o por la persecución e intercepción a caballo. Ante tales amenazas, los pasajeros normalmente participaban en la defensa del vehículo, aunque más tarde contarían con personal especializado, como los famosos agentes de la Compañía Pinkerton, el más popular de los cuerpos de seguridad de los trenes, especialmente gracias a las novelas y películas del oeste.
TREN DE LARGO RECORRIDO
Quincy West, mi querido y cascarrabias cowboy perseguido por el mundo de los espíritus, tiene una relación muy directa con el ferrocarril, al menos, en una parte de su azarosa y aventurera existencia. Ya lo vimos en Oro de Sangre, donde toda la siniestra trama gira en torno a un tren desaparecido bajo la influencia de terribles espíritus corruptos de origen indio que solo buscan venganza por toda la sangre derramada por el hombre blanco. Sin embargo, esta relación de Quincy con el tren no había hecho más que empezar, ya que estará presente en otras tres obras, todas librojuegos, englobadas en lo que he dado en llamar la Trilogía del Ferrocarril, en honor a la famosa Trilogía del Dólar (O del poncho) del director Sergio Leone y formada por Por un puñado de dólares (1964), La muerte tenía un precio (1965) y El bueno, el feo y el malo (1966), que además catapultarían al actor y director Clint Eastwood al pódium de las figuras más icónicas de la cultura popular.

Volviendo a lo que nos ocupa, esta segunda entrega de Quincy West se titula Tren de largo recorrido y nos sitúa de nuevo en la cabeza de nuestro héroe pulp, a pesar de que él no quiera, y nos llevará hasta una aventura de horror que ocurre, íntegramente, a bordo de un tren nocturno. A lo largo de sus doscientas secciones, nos arrastraremos por los vagones de un tren que corre veloz por desolados parajes mientras en su interior se gesta una sombría tragedia, en la que las invocaciones demoniacas estarán a la orden del día. A medias un homenaje a clásicos como Pánico en el Transiberiano, El enigma de otro mundo o La Cosa, espero haber sabido transmitir la claustrofobia de saberse atrapado entre las retumbantes paredes de acero y madera por una entidad venida desde más allá de los límites de nuestro mundo, siempre sin olvidar el lenguaje soez y desabrido de nuestro propio alter ego.
Tren de largo recorrido ha sido publicado por Suseya Ediciones como parte de una campaña de Verkami por los diez años de vida de la editorial y, tras llegar ya a los mecenas, empieza tímidamente su periplo por librerías tiendas del ramo. Como ya sabrás por mis redes sociales, no pude estar en su estreno en la Feria del Libro de Valladolid por hallarme hospitalizado y el lanzamiento se ha visto retrasado desde entonces, pero te animo a que le eches un vistazo y disfrutes de esta historia interactiva de puro terror ambientada en el Oeste o, como también se le llama al subgénero, DarkWest.
No hay comentarios:
Publicar un comentario