jueves, 5 de octubre de 2023

Escribir sobre alienígenas

Hoy me toca hablar de escritura, en especial de las temáticas que suelo frecuentar, las orillas que suelo visitar y los mundos en los que me suelo mover como un proverbial pez en el agua. Hoy vengo a hablaros acerca de escribir de alienígenas, lo cual no es moco de pavo.

No hay nada más importante que el lanzamiento de un libro y, aunque a estas alturas ya no debería excitarme la llegada de un nuevo hijo literario, mentiría si dijera que no me palpita el corazón cada vez que lo pienso, a pesar de ser una temática de esas que hacen que te miren mal en ciertos ambientes: los alienígenas de serie B. La verdad es que explicar esto delante de terceros bien puede significar que a uno lo pongan en el nicho de la literatura de segunda o, lo que es lo mismo, la que ni siquiera es literatura para algunas personas. Y sin embargo, pese a ese prejuicio (muy profundo en España, que no en Latinoamérica), la literatura de corte fantástico sigue siendo una expresión del amor por las letras para contar aquello que no es realidad, pero que podría serlo en un futuro o en un universo alternativo.
Escribir acerca de alienígenas (o fantasmas, monstruos, hechicería o cualquier otra variación posible de estos mismos temas) no debería ser motivo de vergüenza ante otros géneros mejor considerados, dado que fuera de nuestras fronteras tiene una más que respetable tradición. Basta echar un ojo a todo lo escrito del Ciclo Artúrico o la Leyenda de los Nibelungos para entender que nos apoyamos en los hombros de gigantes desde hace un buen número de siglos y que no es un producto de la subcultura o una literatura menor, surgido de la falta de cultura y la barbarie en la que parece, según algunos, que nos estamos hundiendo.
Hagamos un ejercicio de investigación y descubriremos que el alienígena literario de hoy no es más que una evolución de los duendes y demonios de los cuentos de otras épocas, adaptados al contexto actual, tanto político como ideológico. Sigue siendo el extraño, el que no es humano por origen y que, por tanto, nos resulta tan ajeno que nos intriga y da miedo simultáneamente, y por eso sigue perteneciendo al ideario cultural, incluso al más atávico en cuanto a especie. A fin de cuentas, ¿quién sabe qué acecha más allá del círculo de luz de la hoguera alrededor de la que se apiña la tribu?
Mientras desgrano las últimas palabras de esta reflexión, agridulce, por cierto, no puedo evitar pensar en cómo presentaré a mi nuevo hijo en mis ambientes cotidianos, convencionales y, por qué no decirlo, grises, pero también en los que viven inmersos en los inciensos del autobombo cultural. Puede que incluso libre un poco y solo reciba condescendientes sonrisitas, de las que se les dan a los niños o a los locos. A fin de cuentas, la literatura es algo mucho más serio… ¿o no?
Pues yo he escrito sobre alienígenas y así se va a quedar. Y estos alienígenas se llevarán al lector a su terreno, el de las pesadillas, en una historia en la que no prometo más que angustias y terrores a partes iguales. Terrores, por supuesto, venidos de más allá de las estrellas.
Ahora, querido/a lector/a, solo deseo que lo disfrutes tanto como yo al escribirlo, y que me perdones por ser tan retorcido en mi historia de alienígenas siniestros.
Si quieres apoyar a este escritor (y editor independiente), tan solo tienes que seguir el enlace para adquirir esta pequeña obra a un precio muy amable o pedirla en tu librería habitual. Eso hará muy feliz a este aventurero de lo desconocido que hoy te deja un artículo un tanto extraño.

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